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La dureza del mundo
profesional femenino
Fuera del mundo de la competición, todavía
queda mucho por hacer, si bien es cierto que
la cosa está empezando a cambiar y que ya
muchas empresas no dudan en contar con la
ayuda de jugadoras profesionales a la hora de
impartir Clinics, de contar con nosotras en los
ProAm o en los Beat the Pro.
Pero lamentablemente nos seguimos encon-
trando con que algunas empresas prefieren
contar con mayoría de hombres a la hora de
estos eventos. En más de una ocasión he
escuchado lo de “lo preguntaré..., pero es
que las chicas no suelen jugarlo...”.
Y es que todo esto afecta a la hora de tomar
la decisión cuando tienes 17 años, tras 10 de
alta competición. Yo, en mi caso, lo tuve claro
desde bien pequeña. Al contrario que la gran
mayoría de mis compañeras, decidí no viajar
a USA, quedarme en España y optar por la
opción que me parecía más segura.
Mi amor por el golf era grande, pero no lo
suficiente como para que fuera la vela que
guiará mi vida los siguientes años en el Tour.
Pudo conmigo la pasión por el mundo de la
arquitectura y las ganas de establecer mi vida
en mi ciudad. Así hice, me quede en Madrid
para emprender una carrera profesional que
nada tenía que ver con todo lo que había
hecho hasta el momento. Al fin y al cabo no
iba desencaminada, tras acabar la carrera, pasa-
do un corto período de tiempo, contaba con
trabajo estable y ya era totalmente indepen-
diente, algo que siendo mujer golfista no tienes
asegurado ni aun siendo top player, y mucho
menos en los primeros años de tu carrera, salvo
en contadas ocasiones.
Esfuerzo de
auténticas guerreras
Con esto no pretendo desalentar a las gene-
raciones futuras, solo quiero recalcar el
esfuerzo tan grande que hacen mis compa-
ñeras profesionales y el amor tan fuerte que
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Yo también
juego al golf
Cuando era pequeña
no me daba cuenta de
que estaba adquiriendo
una formación que no
te enseña ninguna
universidad del mundo.
Con 18 años ya tenía
mi carrera universitaria
hecha: la del golf”
sienten hacia este deporte. Son unas auténti-
cas guerreras.
Desde fuera puede parecer que todo el
esfuerzo que haces durante la infancia-ado-
lescencia es en vano si posteriormente no te
vas a dedicar a la vida en el Tour, pero eso no
se acerca a la realidad. Todo suma.
Bien es verdad que mi vida fue bastante distin-
ta a la de mis compañeros de clase en el cole-
gio y que el mundo de la competición no es
nada fácil a esas edades. Pero de lo que no me
estaba dando cuenta era de que estaba adqui-
riendo una formación que no te enseña ningu-
na universidad del mundo, con 18 años yo ya
tenía mi carrera universitaria hecha: la del golf.
Cierto es que como en cualquier otro ámbito
las desigualdades siguen presentes y que en
ciertas profesiones se hacen mucho más
notables, como puede ser la vida en el Tour,
pero independientemente de eso, las capaci-
dades y valores que aporta este deporte
durante los años en los que estas forjando tu
personalidad hace surgir perfiles especiales y
únicos. Las puertas que te abre son infinitas.
De arquitectura sé mucho gracias a mis estu-
dios y a mi experiencia como jefe de obra,
pero de lo que realmente sé es de golf. Con
las dos cartas en la mano, he vuelto a dar un
cambio de rumbo para retornar a lo que en
realidad son mis orígenes, donde verdadera-
mente me siento como pez en el agua, que es
aquí. Ahora me dedico a la enseñanza de este
magnífico deporte, me apasiona ver cómo
mis alumnos evolucionan, cómo me lo agra-
decen, aseguro que no hay nada más gratifi-
cante. Poder elegir entre varias vías profesio-
nales es un privilegio que no muchos tienen la
oportunidad. Y yo si la he tenido gracias a este
deporte. Haber decidido que el golf sea mi
trabajo y mi vida es un auténtico lujo. Todas
las mañanas cuando me despierto me recreo
pensándolo durante unos minutos.
Por Ana Fernández de Diego
Jugadora profesional
“