RFEGolf 16 (septiembre - noviembre 2019) - page 74-75

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Yo también
juego al golf
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C
ampillo, Otaegui, Elvira o Larrazábal
jugando el Challenge Tour en sema-
na de descanso del European Tour.
Suena extraño, a chiste, a broma del día de los
Santos Inocentes, ¿verdad? Pues esto es lo
que pasa en el Ladies European Tour (LET)
durante todo el año.
Para empezar, en el European Tour práctica-
mente no hay semanas de descanso, y esta
suele coincidir con semana de Major. Tienes
torneos para elegir, hacer un calendario orde-
nado y premeditado, tú eres el que decide
cuántas semanas deseas trabajar y cuáles son
los destinos que más te interesan.
En el LET la cosa cambia, no hay más de 16
semanas de juego y gran parte de los destinos
son fuera de Europa. Hay muchas más sema-
nas de descanso que torneos durante todo el
año, lo que hace a las jugadoras moverse al LET
Access, el equivalente al Challenge masculino.
Jugadoras de primer nivel, como Carmen
Alonso, Noemí Jiménez o Silvia Bañón, entre
muchas otras, se ven obligadas a jugar torneos
de segunda división para mantenerse en acti-
vo, en competición, aun sabiendo que proba-
blemente, y a pesar de que su juego sea bueno
esa semana, hay muchas posibilidades de que
terminen la competición en negativo, econó-
micamente hablando. ¿Os imagináis que
tuvieras que pagar dinero para ir a la oficina?
Suena surrealista, pues el golf profesional
femenino de alto nivel sufre este problema,
sobre todo en nuestro continente.
Mi experiencia
en el LETAS de Valencia
Hace un par de meses estuve jugando el
Santander LETAS en el Club de Golf Escorpión,
en Valencia. Prometo que no tenía fiebre, ni
me había bebido dos copas de vino cuando
envié el email para apuntarme. Las ganas de
mi círculo cercano de que reapareciera en los
terrenos de juego hizo el trabajo sucio y ter-
minaron convenciéndome para pedir una
invitación y hacer lo que hace tiempo dije
que no volvería a hacer, competir a alto nivel.
Lista en Valencia, y con un yardage book en
mis manos, tras años sin usar uno, la cosa se
prometía divertida. Menos mal que solo
tardé 10-15 minutos en recordar cómo apun-
taba yo mis notas en los años de competi-
ción, mis trucos y manías salieron rápida-
mente como si hubiera sido anteayer mi últi-
mo torneo. Momento en el que tienes que
dejar el medidor láser en la habitación del
hotel, para evitar cometer el ‘crimen’ sin ape-
nas darte cuenta.
Campo espectacular, organización espléndi-
da, greenes duros y a 12 de velocidad. Me
acogieron como si estuviera en casa, no
podía pedir más. Tuve dos buenas primeras
jornadas, conseguí pasar el corte y afrontar la
última ronda en el puesto T12. No os imagi-
náis los saltos de alegría que pegué esa tarde.
El emparejamiento del tercer día fue un com-
pleto lujo, pude compartir los 18 hoyos con
dos pedazos de jugadoras del LET.
Durante la ronda Lucrezia pudo contarme su
experiencia del año anterior en el Tour, ella es
jovencísima, con 23 años ya ha jugado el US
Open y como os podréis imaginar juega que
da gusto. En 2018 disputó siete torneos del
LET, con cinco cortes pasados, consiguiendo
tarjeta condicionada para la temporada del
2019. Sin olvidar el coste económico que ello
supuso, aun jugando a alto nivel y las dudas
sobre la sostenibilidad de lo que estaba
haciendo.
Recuerdo a todos los que estáis leyendo que
para pasar un corte tanto en el LET como en
el LETAS hay que jugar muy mucho a este
deporte, pero aun así muchas jugadoras
top
siguen perdiendo dinero.
Ana
Fernández
de Diego,
la pasión
hecha golf
Fotos: Fernando Herranz
Haber decidido
que el golf sea mi
trabajo y mi vida
es un auténtico
lujo. Todas las
mañanas cuando
me despierto me
recreo pensándolo
durante unos
minutos”
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