RFEGolf 115 (junio - agosto 2019) - page 68-69

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Hay muchos motivos, pero si tuviera que que-
darme con tres serían estos:
El factor sorpresa,
que es lo mejor y lo peor
del golf. Puedes jugar un día 3 debajo de tu
hándicap en la primera vuelta y, en la segun-
da, pegarte la forrada de tu vida. Y, lo más
grande de todo, es que eso les pasa también
a los profesionales, que pueden hacer 67 un
día y, al siguiente, 80.
Puedes ganarle a tus ídolos.
Nunca me ha
pasado, pero tener la certeza de que puedes
ganar a Sergio, a Gonzalo, a Rahm, a Chema,
a Miguel Ángel o a Tiger hace una ilusión tre-
menda. Claro que también pueden ganarte
tu mujer o tu suegra. De hecho llevo mucho
tiempo sin conseguir ganar a mi mujer en un
campo de golf…
Paseas por lugares increíbles y haces un
ejercicio físico
que, salvo que tengas mala
suerte o hagas el animal, es muy difícil que te
provoque una lesión. Yo dejé de jugar al fút-
bol porque, siempre que jugaba, me rompía
y, hace un par de años, tuve que abandonar
el tenis. Sin embargo, a mis 54 años, juego al
golf y disfruto lo mismo con un profesional
que cuando juego con mi mujer, con mis hijos
o con mis amigos, o como cuando lo hacía
con mi padre o con mi suegra.
Eso por no hablar de los viajes, del reto cons-
tante, del aprendizaje de la humildad, del
entrenamiento en la frustración, de saber que
puedes hacer trampas y no hacerlas, de ale-
grarte, de verdad, porque tu competidor da
un golpe mejor que el tuyo, de las conversa-
ciones con la cerveza al acabar y de dar ese
golpe que, siempre, hace que vuelvas al
campo unos días después.
Y, aunque nos quede todavía camino por
recorrer, me alegro de ver en los campos de
golf a gentes de todo tipo de extracción
social. Cuando yo era pequeño solo podías
jugar si eras socio de un campo, los palos
eran carísimos y las bolas, (salvo las que yo le
vendía a Manolo) también. Y no había en
España campos públicos.
Hoy se venden palos de calidad a precios muy
razonables, las bolas son baratas y hay en
muchas provincias españolas campos a los que
puede acceder cualquiera sin que nadie te
pida un carnet o te pregunte por su pedigree.
¿Cuál es el problema? Desde mi punto de
vista que seguimos poniendo algunas barre-
ras (por ejemplo algunas reglas de etiqueta
de vestimenta) que a mí me parecen chorras
y que, a quien ve el golf de lejos, le resultan
tontadas de niños pera. Y, sobre todo, el pre-
cio de algunos greenfees, porque en ocasio-
nes jugar en un campo público un fin de
semana con mi mujer y dos de mis hijos tiene
un precio elevado.
Hay que fomentar precios populares. Sé que es
muy fácil decir esto y dificilísimo conseguir
rebajar los precios, pero opino que es el gran
reto de nuestro deporte para conseguir acer-
carse a mucha más gente.
¿Quizás reducir el tamaño de los campos?
¿Campos de 12-14 hoyos como hay campos
de Fútbol-7?
Seguro que hay mil ideas, pero no sé por qué
me da que eso sería cuestión, quizás, de otro
articulo. O de otros 100.
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Yo también
juego al golf
Tener la certeza de que puedes ganar en un ProAm a Sergio, a Gonzalo,
a Rahm, a Chema, a Miguel Ángel o a Tiger hace una ilusión tremenda...
Claro que también pueden ganarte tu mujer o tu suegra
El “hoyo anti depresiones”:
“El golf te permite conocer
lugares increíbles y disfrutar
vistas como ésta del hoyo 6
de Sancti Petri en el que,
siempre que paso, me hago
una foto.
“El golf también lo he disfrutado como trabajo. Presenté Golflog junto a Itziar
Elguezábal. Y le hice de caddie”
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