RFEGolf143 (junio - agosto 2026)

El Centro Nacional es mi segunda casa Cada vez más aficionados conocen el Centro Nacional de Golf como la casa del golf español, y Pablo Ereño da fe de que este sobrenombre es acertado. “Es un campo al que puede venir todo el mundo. Yo venía aquí porque vivía cerca y me empezó a gustar mucho. Es un sitio que está abierto a todos y eso es lo que lo hace tan buen sitio, tan agradable y entretenido”. “Esta siempre ha sido mi segunda casa. Todas las experiencias que he tenido aquí no las cambiaría por nada del mundo”. Esto es lo primero que le sale al situarse a pie de calle en una preciosa jornada primaveral. Es día laborable por la mañana, de forma que el campo está menos concurrido que por las tardes, pero aún así se le acercan profesores y alumnos para darle una palabra de ánimo o preguntarle por sus próximos torneos. No en vano, Pablo Ereño es el primer jugador salido del CNG con tarjeta de un gran circuito. No hace falta tirarle mucho de la lengua para que broten los recuerdos. “Yo empecé a jugar al golf gracias a mis padres. Gracias a ellos comencé a dar clases cuando tenía diez años, aquí, en el Centro Nacional. Mi padre jugaba mucho, le gustaba y me enseñó que podía ser muy divertido. Mi hermana y yo veníamos todos los martes de seis a siete, después del colegio”, cuenta con cariño. “Me gusta recordar a los niños con los que empecé a competir, a jugar, a hacer partidas en el putting green, a tener ambiente de equipo y de club...”, señala. El aspecto social fue determinante en su flechazo con el golf. Repite una y otra vez que la clave para querer venir a clase era estar con sus compañeros. “Me lo pasaba muy bien gracias a los niños con los que daba clase. Me hice muy amigo de uno de ellos, y entonces quedábamos para seguir jugando. Las clases eran los martes y nos veíamos el viernes o el sábado para pegar unas bolas y tal. Y ahí es cuando de verdad empecé a jugar y me empezó a gustar, más por el tema social y por poder jugar a algo con amigos que por el hecho de jugar al golf verdaderamente”, explica. ¿Quién quiere ser el mejor del mundo? Pablo Ereño fue creciendo y madurando en su golf. Y con ese crecimiento llegaron los primeros objetivos. “Mi meta era entrar en el equipo del Centro Nacional. Pensaba: “yo quiero entrenar y mejorar para poder entrar en el equipo. Veía a todos vestidos con el polo y flipaba. Y entré. Estar en el equipo era lo que más me divertía. Imagínate, éramos a lo mejor diez o doce chavales de la misma edad que veníamos a ju- gar, a entrenar, a dar clases y que luego com- petíamos contra otros clubes. Tanto si per- díamos como si ganábamos, al final lo divertido era competir con tus amigos. Era genial”. Fue el primer objetivo de los muchos que ha cumplido en el golf. Ya dentro del equipo asistió a una pequeña charla que ha marcado su carrera. Una charla inocente, seguramente sin grandes pretensiones, pero una charla que tiene siempre presente. “Antes de empezar una clase hicimos un grupete y el profesor nos empezó a hablar, y nos dijo: “De aquí, ¿quién quiere ser el mejor jugador del mundo?”. Me sorprendió el hecho de que sólo levantásemos la mano tres alumnos. A ver, siendo niño siem- pre sueñas con lo más alto, ¿no? Ese momento a mí se me quedó grabado, porque yo quería ser bueno en esto y me sorprendía que hu- biese chavales que no pensasen igual”. Diez años después, Pablo Ereño tiene claro que volvería a levantar la mano. “Yo quiero ser el mejor jugador del mundo, y quiero ganar Gran- des, quiero ganar Augusta, que es mi gran sueño. ¡La de veces que he pateado en este putting green pensando: “Si meto este putt ganaré el Masters cuando tenga treinta años!”, se ríe. 10 rfeg olf rfeg olf 11 Mi meta era entrar en el equipo del club. Veía a todos vestidos con el mismo polo y flipaba, yo quería estar ahí. Y entré. Lo divertido era competir con tus amigos, era genial” “ Reportaje Pablo Ereño

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