RFEGolf122 (marzo - mayo 2021)

52 rfeg olf Yo también juego al golf rfeg olf 53 C omo muchos no me conocen, me voy a presentar. Llego a este mundo del golf de casualidad o más bien por imperativo laboral. Colaborador habitual de varias de las revistas del grupo Alesport, me he dedicado a hacer fotos para ‘Solo moto’ y ‘Solo auto’, mi gran pasión, todo lo relacionado con el olor a gasolina. Mi mundo eran las carreras de coches y sobre todo de motos, lo que es ahora moto GP, lo que me permitió viajar por el mundo haciendo fotos de los grandes mitos del motociclismo. Un buen día me dicen que Alesport pone en marcha una nueva revista, Solo Golf. ¿Golf?... ¿Qué moñería es esa? (con perdón) ¡¡si eso no va deprisa!! Jaime Alguersuari, presidente de la editorial y alma inquieta, siempre lleno de grandes ideas y con capacidad para desarrollarlas, se apasiona por el golf y decide crear Solo Golf. Me toca hacer fotos de ese deporte de “pijos o de ricos”, así pensaba entonces, igual que todo el que ignora lo que el golf te puede aportar. Cuando empezamos con la revista contrataron a Guillermo Salmerón como redactor jefe, persona fundamental en mi trayectoria profesional y quien me inoculó el veneno del golf. Juntos hemos hecho infinidad de intere- santes reportajes y hoy en día colaboro con él en el programa ‘Bajo par’, los sábados, en radio Marca desde hace 17 años. Si le das, te invito a comer Yo, como fotógrafo, fui aprendiendo a sacar partido del “modus operandi” del golf para conseguir buenas imágenes. En uno de esos reportajes, dije que “eso de darle con un palo a una bolita era una chorrada”. Guille (Salmerón) arrugó el ceño, me dio un palo y una bola y me dijo... ”si le das, te invito a comer”. Pues le di, sí, la envié a unos 50 metros apro- ximadamente, no sé si fruto de la casualidad o de que tenía hambre, por la hora que podría ser. Me puso otra bola -“no me lo creo”-, decía, “dale otra vez”. Me vengo arriba y, acer- tada la primera, quiero darle más fuerte. Hago el swing y... me doy la vuelta entera como una peonza. Evidentemente, la casualidad hizo que hiciera volar esa primera bola, pero aquello hizo que para mí hubiese un antes y un después en todo lo relacionado con el deporte del golf. Ver volar esa bola te produce una sensación tan satisfactoria como inexplicable, que te atrapa, y que en mi caso hizo que diera la vuelta por completo a mis ideas sobre el golf, un cambio radical, como del blanco al negro. A partir de ese momento supe que el golf me acompañaría toda la vida. Desde ese momen- to, junto con mi amigo y compañero de traba- jo en revistas de motos Guillermo Artola, me inicié en el golf aprendiendo de forma autodi- dacta. Artola fue fundamental para mí en esa época obsesiva, tirábamos uno del otro y fui- mos avanzando juntos, leyendo a los maestros y poniendo en práctica aquello que nos llama- ba la atención de Harvey Penick, Ernie Els, etc. ¡Qué buenos recuerdos de esa etapa de apren- dizaje obsesiva! Porque sin un poco de obse- sión, no aprendes. Fernando Herranz, de la indiferencia al amor por el golf Nunca fui un detractor del golf, pero sí indiferente. Ahora, en cambio, lo defiendo de un modo incondicional y solo le veo aspectos positivos y unos valores que escasean” “

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