1995, tercera victoria
de Severiano Ballesteros
Club de Campo volvía a acoger la organización
del Open de España y en esta ocasión el final
no pudo ser más feliz, al producirse el tercer
triunfo de Severiano Ballesteros en la prueba. El
espectáculo del hoyo 18 fue apoteósico.
Severiano había dejado su segundo golpe,
con el wedge, a poco más de un metro de la
bandera y aseguraba su triunfo en el torneo:
si la metía, el birdie le daba dos golpes de
ventaja sobre Ignacio Garrido y José Rivero; si
la fallaba, nadie imaginaba que pudiera fallar
el segundo putt. Lo cierto es que la única idea
era que Severiano acertaría con el birdie y,
¡por fin!, se rompería una sequía de triunfos
españoles en nuestra prueba internacional
más representativa, que duraba desde que el
propio Ballesteros ganara en Vallromanes
(Barcelona) en 1985. Y esa idea única fue la
válida. A continuación, se desbordó la pasión
y, como si de un albero taurino se tratara, los
aficionados se fueron hacia el ídolo a estrujar-
le, a festejar el éxito sobre el mismo escena-
rio, desarbolada la frágil barrera de las cuer-
das alrededor del green.
El campeón reconoció con franqueza, al acabar,
la entrega de los miles de espectadores: “Hoy la
afición de Madrid me ha llevado en volandas al
triunfo. Su apoyo ha sido fundamental para
poder ganar. Nunca había visto tanto entusias-
mo en España. Y es reconfortante, después del
duro trabajo que he tenido que hacer durante
toda la semana y, especialmente, hoy”.
No le faltaba razón al santanderino, porque
comenzar la jornada con tres bogeys conse-
cutivos es para descorazonar a cualquiera,
incluido el propio Severiano. Sin embargo, su
comienzo, con ser malo, no le distanció
demasiados golpes, porque Gordon Brand,
que salió como líder superando en un golpe a
Ballesteros, también cometió uno y Peter
Mitchell tuvo un inicio igual de desastroso,
con tres bogeys consecutivos.
A pesar de todo, en ese momento era compli-
cado encontrar a alguien que confiara en un
triunfo de Ballesteros, que salió a jugar espe-
rando pegar mal a la bola después de verse en
el entrenamiento previo, “pero no tan mal”,
como reconocería después. “Yo sabía que no
iba a jugar bien, pero me fui convenciendo de
que debía sacar el mejor partido al juego que
tenía, porque aun así tengo recursos para
hacer buenos resultados”.
Y así encontró en el 4, primer par 5 del
campo, un birdie que aliviara su situación, un
panorama que daba lugar a cierto optimismo
porque, aunque la cabeza de la clasificación
se comprimía en cuanto a nombres, Brand no
daba muestras de ser un líder sólido.
La parte central de la vuelta resultaría decisiva
para preparar el desenlace del torneo.
Gordon Brand cometió tres errores consecuti-
vos (9, 10 y 11); Baker falló en los dos pares 3
y Severiano, Rivero y Garrido salvaron esa
parte del campo cumpliendo pares y acce-
diendo al liderato compartido con un golpe
sobre Brand y dos sobre Baker y Mitchell, que
se había recuperado con dos birdies.
La emoción en ese punto es más fácil imagi-
narla que explicarla y la ansiedad por un
nuevo triunfo español, que se estaba negan-
do sistemáticamente (dos triunfos en veinti-
dós años), casi se podía palpar.
Según los pensamientos de Ballesteros, hacer
otro birdie antes del final podría darle el triun-
fo, pero se le negó en el 14, par 5 y donde en
teoría mejor podría hacerlo, porque cayó en
bunker con su segundo golpe y tuvo una sali-
da poco afortunada, entre otras cosas porque
el bunker no estaba muy bien de arena. Sin
embargo, salvó el par con un magnífico
segundo putt en lo que era un momento casi
decisivo, porque le permitió mantener la
cabeza compartida, ahora con Rivero y Baker.
Hasta el final, Pepín Rivero hizo seis pares con-
secutivos; Garrido compensó un birdie con un
bogey para igualar al jugador de La Moraleja;
Baker cometió un bogey crucial en el 16; Brand
remitió su presión con el bogey en el 17, que le
situaba a dos golpes, y Mitchell, que se había
subido al carro de una posible victoria hasta
ponerse a un golpe de la cabeza, con tres bir-
dies en cuatro hoyos, del 12 al 15, se hundió
estrepitosamente con un doble bogey en el 17,
donde se acumularon todos los nervios de la
presión del momento. ¿Qué quedaba? La soli-
dez de Ballesteros, que sólo falló, ligeramente,
la calle del 15 por la izquierda y supo sacar un
golpe de wedge que puso la bola a poco más
de un metro. Ese birdie le daba el liderato en
solitario, en ese momento con cuatro jugadores
a un golpe. Y ya no flojeó. Crecido en su segu-
ridad, sintiendo el calor de un público que batió
el récord de asistencia y de entusiasmo con los
jugadores españoles, Ballesteros solventó con
par el 16 y 17 y cerró el torneo con brillantez.
No había sido fácil, pero sí hermoso. Aunque
al campeón le costara conseguir el triunfo
“cinco años de salud”, como dijo, mereció la
pena reeditar un podio español que no se
vivía desde su propia victoria en el Open de
Suiza (con Piñero y Cañizares detrás) hacía
casi veinte años. Esta vez le secundaron con
gran mérito Ignacio Garrido y José Rivero.
Clasificación en 1995
1.- S. Ballesteros
70 67 66 71 = 274
2.- Ignacio Garrido
67 66 74 69 = 276
3.- José Rivero
68 69 71 68 = 276
4.- Peter Baker
69 72 68 68 = 277
5.- G. Brand, Jr.
71 66 65 75 = 277
6.- Peter Mitchell
66 67 73 72 = 278
7.- Eduardo Romero 70 69 69 70 = 278
28
rfeg
olf
Open de España
y CC Villa de Madrid
Sólo Puerta de Hierro,
sede casi permanente
del torneo hasta 1955,
y el RCG El Prat, en diez
ocasiones, han acogido
más veces el Abierto
español
Severiano Ballesteros, 1995