RFEGolf 115 (junio - agosto 2019) - page 2-3

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esulta impresionante la canti-
dad y calidad de buenos resul-
tados cosechados por los gol-
fistas españoles, ya sea en el ámbito pro-
fesional como amateur, en los últimos
años, un espacio temporal complicado
de delimitar ya que, afortunadamente,
las victorias nunca han dejado de acu-
mularse en el palmarés del golf español.
Sí hay, sin embargo, un hecho diferencial con respecto a aquella época
en la que el ingenio de un pequeño grupo de golfistas españoles llevó
a nuestro deporte a la cumbre, con Severiano Ballesteros constituyén-
dose en referencia mundial, un estandarte que dignificó el denodado
esfuerzo del resto de pioneros del golf español.
Luego llegaron otros jugadores grandes, muy grandes, como José María
Olazábal, Miguel Ángel Jiménez o Sergio García, capaces de mantener
el foco de atención en nuestro golf solapándose a base de importantí-
simos triunfos, una espectacular acumulación de victorias que sin
embargo eran privativas de unos pocos, la consecuencia directa del
desbordante talento de sus protagonistas.
La democratización de la victoria
La versión victoriosa, ahora, es mucho más diversa, involucrando a un
número muy superior de golfistas encabezados, por si fuera poco, por un
Jon Rahm que ya ha recogido en la práctica el testigo de un Sergio García
con capacidad manifiesta para seguir consiguiendo grandes cosas.
Rafael Cabrera-Bello, Jorge Campillo, Adrián Otaegui, Nacho Elvira, Adriá
Arnaus, Pablo Larrazábal, Álvaro Quirós, Sebastián García y otros más
conforman un nutrido grupo de grandes jugadores que, en su vertiente
femenina, se plasma en golfistas de la indudable calidad de Carlota
Ciganda, Azahara Muñoz, Luna Sobrón o Nuria Iturrios –por poner unos
ejemplos–, ésta última acaparando el brillo de los focos en las últimas
semanas, el preludio de lo que puede ser una larga y exitosa carrera.
¿A qué se debe tanta acumulación de éxitos españoles en el ámbito
profesional, diez victorias en los distintos Circuitos en los cinco primeros
meses del año? ¿Cuál es la razón de un repetitivo proceso que ha
democratizado la victoria entre los golfistas que tan bien nos represen-
tan dentro y fuera de nuestras fronteras?
La primera respuesta se centra obviamente en quienes las consiguen,
que emplean desde hace años miles y miles de horas de trabajo y
esfuerzo para alcanzar la cúspide, un lugar privativo para quienes, ade-
más de dedicación, tienen talento. Ese talento, sin embargo, se pule. Y
en ello están involucrados equipos de personas cada vez más amplios
que controlan hasta límites insospechados todas las facetas a las que
tiene que enfrentarse un deportista de élite para alcanzar la cúspide.
Formación, divino tesoro
Hay, sin embargo, otras razones menos evidentes pero igualmente
importantes en este proceso victorioso, algo en lo que muchas veces
no se repara, sobre todo cuando los protagonistas de los éxitos, por
cuestiones de edad, se van alejando de su etapa de formación, esa que,
se mire por donde se mire, es absolutamente vital.
Formación, efectivamente, esa palabra mágica que tantas cuestiones abar-
ca y que constituye el cimiento sobre el que se construye cualquier trayec-
toria deportiva de éxito, forjando unos hábitos, unos métodos de trabajo
que, alcanzada la madurez, permiten acelerar el proceso de gloria.
Y es ahí, en esa etapa crucial que concibe el ADN de los grandes triun-
fadores, donde hay que reparar en el papel fundamental de los padres,
de los profesores, de los clubes, de los comités, de los técnicos y los
preparadores, de las Federaciones Autonómicas y, como receptores de
todo ese talento y esfuerzo, de la RFEG.
Pero aún hay más. Y es que toda esa etapa formativa es posible gracias
a la fortaleza de nuestro querido deporte, una fortaleza que se sustenta
en la aportación de todos y cada uno de los federados españoles, parte
fundamental de un entramado consistente que no sería posible sin
ustedes. Así que, cuando uno de nuestros admirados golfistas profesio-
nales gane en cualquier Circuito, siéntase también corresponsable, por-
que tiene razones para ello.
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Usted es corresponsable,
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