RFEGolf143 (junio - agosto 2026)

el cántabro apareció en un vídeo para agradecer su esfuerzo en la lucha contra el cáncer y la in- vestigación en los tumores cerebrales. La historia de un golfista genial Antes, cuatro años antes, se fue hasta Carnoustie, en Escocia, en la antesala misma de una nueva edición de un Open Británico que él mismo contribuyó en su día a engrandecer, para decir adiós, para proclamar a su ingente cantidad de seguidores que se retiraba de la práctica activa del golf en julio de 2007. Severiano Ballesteros, el mejor golfista español de todos los tiempos y uno de los verdadera- mente grandes de la historia del golf mundial, reconoció que el amargo día había llegado porque había dejado de sentir verdadero deseo por ese golf que tanto le había dado y por el que tanto había trabajado para devolverle todo lo posible de lo recibido a lo largo de tres décadas de gloria. De la misma forma que ocurrió en su día con los grandes personajes que han destacado en la historia por su contribución a sus respectivas disciplinas, la carrera de Severiano Ballesteros sigue siendo analizada con detenimiento para concluir que se trata de una auténtica leyenda forjada gracias al talento y el esfuerzo exhibidos durante más de 30 años a lo largo y ancho del mundo. No en vano, su legado sigue siendo bien pal- pable gracias a su decisiva influencia en el de- sarrollo del golf español, de la Ryder Cup y del Circuito Europeo. La enorme figura del chico de Pedreña cambió el golf para siempre. El campo escocés de Carnoustie y el 16 de julio de 2007 fueron el lugar y el día elegidos por nuestro gran Seve- riano Ballesteros para pronunciar las dos pala- bras que millones de aficionados del mundo entero hubiesen deseado no escuchar jamás: “Lo dejo”. Aquel chico de Pedreña Siguiendo el ejemplo de muchos mitos, la his- toria de Seve se corresponde milimétricamen- te con la de un luchador, una persona que es- caló las más altas cotas desde un entorno hu- milde. En su caso, su sueño dio comienzo en la pequeña localidad cántabra de Pedreña, donde en 1928 se inauguró un campo de golf que cambiaría la concepción de este de- porte, tanto en su juego como en su dimensión social. Aquel caddie que empezó a dar bolas en las interminables playas de la cornisa cantábrica, se enamoró de los palos en cuanto pisó los greenes de Pedreña. Tan fuerte fue ese flechazo, que el adolescente Seve burlaba por las noches la resistencia de las verjas para poder jugar unos hoyos sin más compañía que la Luna. Bien sea por las dificultades de jugar en la are- na, por pegarle a la bola sin apenas luz para seguir su trayectoria o –como tantos man- 58 rfeg olf rfeg olf 59 Historia del Golf Español Su figura se convierte en leyenda gracias al talento y esfuerzo exhibidos durante más de 30 años a lo largo de los cinco continentes “

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