RFEGolf143 (junio - agosto 2026)

Es que encima en el Amen Corner (hoyos 11, 12 y 13) te haces tres birdies. Eso ya no te lo va a quitar nadie, eso queda en tu currículum para siempre. En el 12 de hecho pudiste hacer casi hoyo en uno. Sí, sí, eso fue muy especial. Cuando estaba en el 10 me quedé demasiado corta con la bandera tan larga, y hay que jugar al centro de green porque no puedes arriesgarte a irte por detrás del green en ese hoyo. Acabé tripateando. Salí de ese green en plan ‘estoy fuera del tor- neo’, porque miré la pizarra del 10, que me encanta mirarla aunque algunos entrenadores digan que no hay que mirar el resultado. Vi que Meja (Örtengren) se había puesto -12 y Asterisk iba -14. Yo ahí iba -7 y dije ‘siete gol- pes son muchos golpes’. Y en el 11 meto ese putt para birdie que estaba detrás de la ban- dera, al fondo del green, que es un sitio en el que no tienes que estar, nadie tiene que estar ahí, pero yo acabé ahí. Hice birdie y en cuanto metí el putt le dije a Álex: ‘¿te imaginas que hago birdie-birdie-birdie en el Amen Corner? Sería increíble’. No sé por qué sentía que lo iba a hacer. En el 12 quería tirar un poco por la izquierda de la bandera, pero es que me puse y lo veía tan claro que tiré a bandera. Cuando vi la corbata no me lo podía creer. No me voy a olvidar de ese golpe en la vida, fue muy especial. Y lo que es el golf: hiciste tres putts al 15 casi al tiempo que Marín tenía un par de golpes de suerte en el 12 y en el 15. Hay veces que en el golf parece que está escrito. Sí. Yo siempre lo digo: en torneos así, tan grandes y tan mágicos como Augusta, hay cosas que se escapan de tu control. Estar en el Top 5 lo puedes controlar tú y te puedes preparar para ello, pero ganarlo... María José en el 1 pega un golpe increíble desde los árboles y la deja en green. En el 2 pega una madera a green, le bota antes del búnker de la izquierda, le bota en el búnker, se sale y se le queda en green, ideal para patear para eagle. Dices ’guau’. Entrevista Andrea Revuelta 20 rfeg olf rfeg olf 21 Luego en el 12 se le quedó la bola, no le bajó al agua y pudo aprochar para salvar el par. Y en el 10 salvó un par buenísimo desde 50 metros abajo del green a la izquierda con un putt co- mo de ocho metros. Jugó súper bien, pero hay momentos en los que sí es verdad que parece que hay cosas que están un poco escritas. En cualquier caso, es una niña que mostró una serenidad y una templanza muy buena, tiene un juego estupendo. Cada pequeño error que hizo lo recuperó de una manera in- creíble. Me alegro un montón por ella. Además de Augusta se juega otro campazo en el ANWA, Champions Retreat. ¿Es muy diferente? Pues no. El otro campo está pre- parado de forma impecable, perfecto. De he- cho, yo creo que estaban igual de rápidos. El otro campo a mí incluso me parece un poco más exigente porque está más largo. Augusta lo jugamos un poco más corto. En el otro campo pegas bastantes hierros largos a green, y creo que es más difícil hacerle birdies. Tam- bién es muy, muy tenso. Yo me acuerdo el primer año que jugué, había escuchado cosas tan malas que sales con un miedo increíble. Es mucho más tenso porque tienes dos días para meterte entre las 30 primeras. Este año el corte ha estado en -1 y la ganadora iba -11. Eso no ha pasado ningún año, todos los años los resultados estaban mucho más nivelados. Estás fallando o pasando el corte para jugar en Augusta National, y eso es el mayor regalo que te puede dar el golf. Entre medias hay una ronda de entrena- miento en Augusta National ¿Cómo es esa jornada, se disfruta? Es un día muy, muy bonito. Primero, ves Augusta National vacío, porque no hay público. Solo te dejan llevar a tres acompañantes. Verlo vacío da mucha impresión porque es enorme, con público no te das cuenta porque todos los hoyos están atestados de gente. Sin público estás en el tee del 1 y ves a lo lejos las calles del 7 y del 8. Se disfruta mucho del golf, apre- cias los golpes y todo el razonamiento que hay detrás del diseño de Augusta. Todos los golpes los pegas en tensión porque están sú- per bien pensados, tienes que botarla en un sitio exacto. Es un día para disfrutar y compartir con tus familiares. Háblanos de ese discurso tan sentido y bonito en la entrega de premios. Dijiste que estabas orgullosa de ti misma por lo que habías luchado y por poder haber inspirado a otras niñas, que viesen que todo se puede conseguir. No lo tenía preparado. Es un torneo muy emotivo, sobre todo el último día, cuando pegas un buen golpe y la gente te aplaude se te pone la piel de gallina. Cuando acabé y estaba firmando la tarjeta, no sé por qué estaba a punto de llo- rar, y no era por haber quedado segunda, era como ‘se ha acabado’. Al meter el último putt en el 18 ya tenía ganas de que llegase el año que viene. En el caminito del 18 hacia arriba, aun sin haber ganado, la gente me gritaba “Andrea, Andrea”, me aplaudía... es súper emotivo. Por la tele la gente ve los triunfos, pero no ve el día a día. Todas las que estamos ahí arriba trabajamos mucho en ese día a día. Y la pre- sión de saber que la gente tiene expectativas y que eres la 3 del mundo y tienes que actuar como tal... no es solo ‘quiero llegar a ser algo’, sino ‘soy algo y tengo que estar a la altura de eso’. Es difícil de gestionar. A mí me encantaría que, igual que yo recuerdo estar sentada en el sofá de mi casa y ver a María Fassi y a Jennifer Kupcho jugar la primera edición del ANWA y decir ’yo quiero estar ahí un día’, haya una niña o un niño que haya sentido lo mismo viéndome. Hay mucha ca- rencia de referentes femeninos, y si ayudo a que algunas niñas quieran jugar al golf o hacer deporte, pues me parece una cosa mucho más importante que ganar el propio torneo. Por cierto, no hemos hablado de la cena en Augusta, ¿qué tal se come por ahí? Bueno, la comida de Augusta es increíble. La cena oficial es el martes por la noche. Hay una bebida muy famosa, que es la Azalea de Augusta, que es vodka con limonada y fresa, pero a nosotras nos lo ponen sin vodka. Está buena, pero es muy dulce. Y luego en la cena siempre nos ponen una ensalada y luego un plato con salmón y un so- lomillo en el mismo plato, una cosa muy americana. El postre era una bola gigante de helado de fresa y dentro un sorbete de frambuesa con una base de galleta. Estaba buenísimo. Ahí en Augusta pides lo que sea y te lo traen. ¿Y el merchandising? ¿Te pidieron muchas cosas? ¿Has venido con otra maleta llena? Traje cosas para mi familia. Para mí me cogí solo una camiseta, un llavero y un gnomo. Es muy gracioso, porque nos abren la tienda para las jugadoras para no tener que hacer cola. Después de comer fui para allá y justo empezó a diluviar, tuvieron que evacuar la tienda y casi no me dejan entrar. Pero vi a un encargado por detrás y pude entrar con la tienda vacía, sólo estaban los trabajadores re- poniendo todos los gnomos para el día si- guiente. Así que me pude llevar uno. Entrar en la tienda vacía es casi más difícil que hacer un 68 en Augusta. ¿Tu idea sigue siendo terminar la carrera en Stanford? Sí, eso seguro. Me quedan dos cursos más. Tomaré la decisión de si me hago ‘pro’ o no cuando se acerque la fecha de acabar la carrera y vea cómo me siento. Pienso mucho en ello, es una oportunidad única, pero tampoco me quiero comprometer a algo ahora. 3 La presión de saber que la gente tiene expectativas, que eres la 3 del mundo y tienes que actuar como tal... no es solo ‘quiero llegar a ser algo’, sino ‘soy algo y tengo que estar a la altura de eso’. Es difícil de gestionar” “

RkJQdWJsaXNoZXIy MTk3Ng==